Epifanía,

Manuel Vázquez Díaz

Un hombre de aspecto algo extravagante; un autodidacta intelectual, culto, de espíritu aventurero; un inconformista patológico. Y de muy pocos, amigo incondicional. Llevaba una vida convencional como alguien comprometido con su trabajo, emprendedor y sentimental. Muy familiar, pero no arraigado a ningún lugar, y sí, fuertemente enraizado a las personas que forman parte de su vida.

Así, sería descrito, por quien le conociese bien. Y también, como podría definirse al personaje principal, Manuel. Una persona que un día decide dejarlo todo, olvidarse del individuo que algunos reconocen en él, para seguir su instinto. Con la intención de encontrar respuestas a una serie de sucesos que desde su infancia han ido forjando en él una insondable vida interior. Se reencuentra con el niño que fue; encuentro donde comienzan asaltarle preguntas cimentadas en la intuición, a la que consagra su vida.

Acompañado por Carmen, con la que comparte su pasión por Miguel Ángel, viajan a Florencia para dar ambos un vuelco a sus vidas, que les transformarán para siempre, una metamorfosis ilimitable y pasional.

Un hombre que despierta de un profundo sueño, para comprobar que el resto del mundo sigue durmiendo inmerso en una pesadilla a la que llaman humanidad. 

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Manuel Vázquez Díaz

Nacido en Madrid en 1967, hijo de padres andaluces, que dejaron atrás sus orígenes para iniciar su periplo por distintas provincias, en una España comenzando a emerger. Segundo de cinco hermanos, todos varones. Donde tocaba fuimos naciendo: Úbeda, Madrid,Burgos...

Durante mi infancia, nunca permanecíamos más de un año y medio en el mismo lugar, y si nuestro padre era desplazado, como capataz de obras que fue, allí íbamos todos, junto al "gran capataz". Me convertí en un niño nómada, sin amigos permanentes, excepto los libros, que no sé cuantas veces tuve que embalar, pero fieles, siempre viajaban conmigo: La Isla del Tesoro; mi preferido, Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino, Viaje al Centro de la Tierra; Moby Dick; Troya. Y tantas veces pasaron por mis manos dos libros enormes. La Iliada y La Odisea, que, a fuerza de verlos encima de la Telefunken en blanco y negro, comencé con su lectura, cuando ya prácticamente me sabía de memoria el resto. Ulises acabó siendo mi mejor amigo. Y ya nunca puede parar, solo me fui deteniendo en distintas épocas de la antigüedad, hasta llegar a los grandes artistas del Renacimiento.

Y aquí estoy, dispuesto a no dejar de hacerlo nunca, mientras << la fuerza me acompañe>> como diría un maestro Jedi.   

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